Convergencias y movimiento contra la guerra: experiencias y lecciones
Paola Manduca, 30 July, 2004 - 20:32.
En este artículo no voy a recapitular el conjunto de acontecimientos vinculados con la emergencia y evolución del movimiento de oposición a la guerra que llevan los Estados Unidos y sus aliados contra Irak, y mucho menos haré el inventario de las nuevas leyes, declaraciones y decisiones políticas de la administración americana, de sus mentiras y de los numerosos atentados contra las libertades civiles que han efectuado durante estos dos últimos años. Ya otros lo hicieron antes que yo. Yo solamente puedo constatar irónicamente que estos sucesos han contribuido ampliamente a reforzar la confianza, la comprensión y la conciencia de una cantidad sin precedentes de personas en el mundo, que ha determinado oponerse a esta guerra y que expresan de esta manera, los deseos de restaurar la legitimidad de las leyes de la razón y de la humanidad frente a la degradación de las leyes nacionales e internacionales. Yo he escrito este texto con el fin de comunicar mi experiencia como participante y organizadora del movimiento contra la guerra durante estos dos últimos años, así como también expresar las conclusiones que saco de ello.

En Europa, cuando se produjo el ataque contra las torres gemelas en Nueva York, muchos movimientos sociales, ONG, asociaciones, e incluso ciertos sindicatos, estaban ocupados en curar sus heridas y en interrogarse sobre la significación y amplitud de la que hasta ese momento había sido considerada como la mayor movilización pacífica contra los poderes mundiales: las protestas contra la Cumbre de Génova, a finales de 2001. A partir de ese instante, las numerosas personas que se habían movilizado cuando la Cumbre de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Seattle, cuando los encuentros del Fondo Monetario Internacional (FMI) o durante el Forum de Porto Alegre en el año 2001, comprendieron que algo había cambiado.

Evidentemente, el derrumbe de las torres gemelas le ofreció un pretexto a la administración americana para imponerle al mundo su supremacía absoluta, anunciada después de la caída del Muro de Berlín en 1989. Ella le dio, sobre todo, la posibilidad de avanzar en concretar sus planes, los cuales hasta ese momento eran simples proyectos teóricos expuestos en una serie de documentos informales, como por ejemplo, el Project for the New American Century (Proyecto para un Nuevo Siglo Americano) elaborado por colaboradores cercanos de Georges W. Bush. Durante la última década, los Estados Unidos continuaban reorganizando el mundo en una jerarquía de poderes subalternos, que les permitiera extender su dominio sobre los principales recursos naturales del planeta y reforzar su política, usando medios cada vez más violentos.

Numerosas fueron las personas que se opusieron a las intenciones belicistas de los Estados Unidos. Sabíamos que los gastos militares americanos y de los principales países de la Unión Europea aumentaban de manera constante y seguimos con atención el reforzamiento, desde mediados de la década de los noventa de instituciones internacionales, como el FMI y la OMC, que tenían un papel protagónico en la puesta en marcha y supervisión de la economía mundializada. Protestamos contra la imposición de los programas de desarrollo injusto, los cuales anunciaban numerosos desastres para los países productores de materias primas (petróleo, agua y minerales) y creamos nuevas solidaridades con los grupos sociales más afectados en esos países.

Sin embargo, durante los últimos años una nueva etapa fue alcanzada. En las cabezas y los corazones de numerosas personas apareció una voluntad creciente de resistir ante los cambios impuestos a nuestras vidas y nuestras expectativas. Porque estas políticas, decididas desde lejos e impuestas desde lo alto, habían reducido considerablemente las oportunidades, para millones de personas en el mundo, de tener condiciones de vida dignas y decentes. Pero esta experiencia de la pobreza y de la dominación, así como los imperativos de cambio impuestos desde lo alto, han provocado una toma de conciencia generalizada de que la guerra americana constituye una verdadera amenaza, no únicamente para la vida de los habitantes de los países atacados, sino también para la vida de todos nosotros.

Inmediatamente después del derrumbe de las torres y del inicio de la guerra contra Afganistán, numerosos movimientos y grupos pacifistas se movilizaron en el mundo entero. Tanto en los Estados Unidos, como en Europa y en algunos países árabes, se constituyeron plataformas contra la guerra, apoyadas por los grupos pacifistas, las organizaciones alter mundialistas y los movimientos sociales. Ya en ese momento, la estrategia americana no daba lugar a equívocos. Muy pronto vino la confirmación de que solo era el punto de partida para un conflicto armado más largo, una “guerra sin fin” contra las sensibilidades individuales y colectivas, la inteligencia, los intereses y los valores de la inmensa mayoría de los habitantes del planeta.

Esta guerra estuvo acompañada rápidamente por la adopción de una serie de leyes antiterroristas, como por ejemplo el “Patriot Act” en los Estados Unidos, seguidas de un arsenal de medidas similares en los otros países occidentales, que entrañaron importantes modificaciones en el uso de los recursos, colocando en lo adelante el acento en los gastos militares y en el reforzamiento de los dispositivos de seguridad a expensas de los presupuestos que estaban dedicados a la seguridad social. Apoyándose sobre nuevas directivas que conciernen al rol del Estado y de la seguridad internacional, esta guerra también permitió instaurar una especie de censura contra toda información independiente, abofetear abiertamente algunas convenciones internacionales – el ejemplo más terrible es el campo de detención de Guantánamo, el cual se encuentra fuera de toda legalidad internacional y americana - , enmendar ciertas leyes nacionales – con el fin de autorizar, por ejemplo, el encarcelamiento de ciudadanos americanos de origen árabe sin previa inculpación – y probar armas y estrategias no convencionales (la utilización de uranio empobrecido) incluso contra las poblaciones civiles. Durante este tiempo, el mundo estuvo inundado de declaraciones estruendosas acerca del poder y de la supremacía de la democracia americana (y occidental) y sobre la necesidad y legitimidad de las represalias y de la guerra preventiva, todo ello fuera de todo control y de toda intervención de las Naciones Unidas.

Sin embargo, al mismo tiempo todo esto contribuyó fuertemente a la toma de conciencia generalizada de las poblaciones. Y lo que el Gobierno americano deseó que fuera una campaña de desinformación y persuasión, se transformó en una campaña de información y concientización, dado el crecimiento de las preocupaciones acerca del futuro posible de este nuevo orden autoproclamado. A pesar de que los temores existían en numerosos medios y estaban vinculados a preocupaciones muy diversas, ello no impidió que todos estos sujetos individuales y colectivos, portadores de proposiciones alternativas y de estrategias de resistencia muy diferentes, convergieran y se unieran en un rechazo común de los objetivos imperiales americanos. En consecuencia, las protestas contra la guerra en Afganistán se convirtieron en la primera fase de nuestras movilizaciones colectivas contra la guerra.

A partir de ese momento y dada la situación internacional, no teníamos ninguna duda de que otra guerra iba comenzar. Los Estados Unidos y sus socios británicos se habían virado hacia Irak con argumentos groseros en cuanto a la posesión de “armas de destrucción masiva”, contra el punto de vista de los inspectores de las Naciones Unidas presentes en el terreno. Como no lograban convencer a algunos Estados occidentales, los Estados Unidos, el Reino Unido y España decidieron ignorar a las Naciones Unidas, cuya incapacidad estructural y ausencia de determinación política para evitar el conflicto fueron patentes. Todos aquellos que se habían opuesto a la guerra en Afganistán se movilizaron nuevamente, organizaron debates, cientos de manifestaciones y campañas de protesta y de información por todas partes del mundo. La multiplicación de estas acciones confirmó la existencia de un acuerdo tácito en el seno de las poblaciones de los países occidentales, del Medio Oriente y de los países árabes, en cuanto a su oposición contra la guerra. A partir de la primavera del año 2002, se formaron numerosos comités anti guerra y las organizaciones pacifistas existentes ganaron en tamaño y en visibilidad en los medios de comunicación.

La ampliación de la resistencia ante la mundialización liberal y la participación en el Forum social mundial de Porto Alegre habían permitido crear una basta red de relaciones y de solidaridad entre los movimientos sociales y las organizaciones alter mundialistas. También, esta red se convirtió en el lugar privilegiado para la toma de conciencia común en cuanto a la necesidad de oponerse a la guerra. Se expresaban, sobre todo, en la desconfianza creciente de la mayoría hacia lo que se comenzó a llamar “guerra preventiva sin fin de la democracia americana”, al igual que en la imperiosa necesidad de una resistencia masiva para parar la guerra. Más tarde, el 9 de noviembre de 2002, el Forum social europeo se clausuró con una gigantesca marcha de un millón de personas, movilizadas para oponerse a la guerra en Irak y como consecuencia de un llamado que hicieron los movimientos sociales para organizar una jornada de acción europea.

En Florencia se organizó la primera gran reunión informal del movimiento contra la guerra, a iniciativa de los representantes de una decena de países. Esta reunión fue el punto de partida de la gran coalición anti guerra europea. En este momento fue precisamente que los grupos presentes acordaron la organización de una gran reunión con el objetivo de relacionar a todos lo grupos anti guerra de Europa. Su propósito era el de amortiguar algunas diferencias entre los grupos y comités nacionales, en lo que respectaba a sus acciones y a su nivel de organización, aunque todos compartían la idea de que había que organizarse lo más rápidamente posible con el fin de impedir esta guerra. Muchos de nosotros sentíamos también la necesidad de hacer perceptible el sentimiento general que se compartía en las manifestaciones y en los debates de los últimos meses. Teníamos que darle voz a ese movimiento de oposición general. Después de las manifestaciones anti guerra de Florencia era más indispensable que nunca ir hacia delante. Dada la cantidad y diversidad de personas y de grupos dispuestos a movilizarse, teníamos que encontrar una nueva metodología y un lenguaje común que respetara las sensibilidades y las prioridades de cada uno. Aquello valía la pena, porque se trataba de organizar la primera gran movilización planetaria.

La primera reunión de la coalición tuvo lugar entre el 15 y el 16 de diciembre de 2002 en Copenhague, bajo el auspicio de los grupos pacifistas locales. Esta reunión acogió a representantes de 11 países europeos (Reino Unido, Dinamarca, Suecia, Noruega, Alemania, Francia, Italia, Grecia, Bélgica, Turquía y Macedonia), y a activistas americanos. Todos eran miembros de coaliciones nacionales contra la guerra o de grupos particularmente activos en este sentido. Estas coaliciones incluían a movimientos sociales, organizaciones políticas, asociaciones por la paz y organizaciones alter mundialistas.

Después de dos días de discusión, se llegó a un acuerdo colectivo con respecto a la forma que debían tener las futuras movilizaciones. Gracias a esta reunión, se decidió definitivamente la fecha del 15 de febrero de 2003 para organizar una jornada común de acciones contra la guerra en la mayor parte de las capitales europeas. También nos pusimos de acuerdo en que tal jornada debía producirse, fuera cual fuera la decisión que tomara la ONU. Nos pusimos de acuerdo en que cada país debía hacer esfuerzos para ampliar al movimiento, integrándolo bajo una sola consigna “contra la guerra en Irak, con o sin la ONU” y agrupando a la mayor cantidad posible de movimientos, ONG, sindicatos, iglesias, asociaciones y grupos de inmigrantes provenientes de países árabes. Cada país debía financiar la organización de estas movilizaciones según sus medios. También decidimos hacer una lista de difusión para compartir informaciones y poner a punto un sitio en Internet reservado para ello.

Algunos días después de este encuentro europeo, como consecuencia de una reunión organizada en El Cairo para la coordinación árabe contra la guerra, se lanzó el mismo llamado para esta región. Después, en un lapso de tiempo relativamente corto, hicimos contacto con varias coaliciones anti guerra con sede en los Estados Unidos. Al igual que las organizaciones europeas, estas coaliciones luchan contra las políticas discriminatorias de su gobierno con los musulmanes. Además, los militantes estadounidenses sentían también el crecimiento del sentimiento general contra el unilateralismo de esta guerra.

Con el llamado para manifestar el 15 de febrero, las esperanzas y energías de los movimientos en Europa llegaron al clímax. A partir de diciembre, las numerosas informaciones que recibíamos, principalmente a través de los mailing lists mostraban que en todas partes de Europa loas activistas anti guerra trabajaban a tiempo completo y que se estaban formando numerosos movimientos y grupos. Durante el Forum de Porto Alegre, se reservó un espacio para presentar la plataforma y el evento del 15 de febrero y para tener una gran asamblea contra la guerra. Esta se concibió de manera tal que se les pudiera brindar el mayor tiempo posible a los militantes de terreno. Esta reunión, que reunió a un considerable numero de personas de todas partes del planeta, resultó muy útil, porque le brindó la ocasión a las coaliciones europeas de acercarse a las organizaciones del Mundo Árabe, Asia y América del Norte, porque los grupos pacifistas latinoamericanos manifestaron su apoyo, porque los sindicatos y los movimientos campesinos brasileños se comprometieron a participar en las movilizaciones del 15 y porque nos dio a todos la energía, la solidaridad y la legitimidad necesarias para continuar con el trabajo de movilización.

Al inicio nada era simple. “Nosotros tuvimos mucha suerte” me dijo un compañero miembro de la coalición cuando se terminó la reunión. Y realmente la tuvimos, porque todas las personas presentes en la Asamblea aceptaron la decisión europea, tomada en Florencia, de organizar el 15 de febrero una jornada de acción común contra la guerra. Esta adhesión masiva de los numerosos movimientos sociales de todas partes del mundo permitió crear las condiciones indispensables para el éxito de las movilizaciones en cada país.

En ese mismo momento, la postura agresiva de la administración americana y del Gobierno británico se traducía en las acusaciones infundadas hechas a Irak y en las tentativas de ignorar a las Naciones Unidas, las cuales resultaban cada vez más impotentes para oponerse a este proyecto de guerra preventiva. Las declaraciones anti musulmanes de la administración americana suscitaron la indignación de la mayor parte de los representantes de las comunidades religiosas del mundo. El propio Papa, al igual que otros representantes de las iglesias cristianas, manifestó abiertamente su oposición a la agresión en Irak y criticó la teoría del “choque de culturas”. Los propios cristianos fueron alentados a oponerse contra la guerra, hecho que permitió ampliar considerablemente a las coaliciones nacionales anti guerra.

Los sindicatos de muchos países europeos se unieron a las coaliciones nacionales, al igual que otros sectores de la “sociedad civil”, como consecuencia de las posiciones oficiales tomadas por países como Francia y Alemania. En el Reino Unido el conflicto se sintió en el seno del Gobierno, como consecuencia de las argumentaciones groseras del Primer Ministro. En numerosos países cada vez era mayor el número de personas que se adherían a la idea de manifestar. Y cuando llegó el día, manifestaciones masivas – de hasta tres millones de personas – tuvieron lugar en 74 países. En total, en los cinco continentes y en cientos de ciudades, quince millones de personas marcharon para oponerse a la guerra.

Nosotros los organizadores sacamos de esta experiencia un importante número de lecciones. Algunas de ellas ya han sido compartidas con este vasto movimiento, en tanto que otras deberán serlo.

Yo voy a presentarles sintéticamente estas lecciones, tal y como yo las he comprendido:

1. Nos dimos cuenta de que vivimos un período durante el cual asistimos a una amplia convergencia acerca del problema de la responsabilidad individual y colectiva, como forma de resolución de los conflictos, indispensable para mantener la paz.

2. Millones de individuos y colectivos pueden organizarse y coordinar acerca de este problema: organizaciones alter mundialistas, grupos campesinos, medio ambientalistas, asociaciones de mujeres, de artistas, iglesias y movimientos sociales.

3. Aprendimos que al escoger tener una postura abierta, aunque radical, sobre la cuestión del poder, podíamos ampliar considerablemente al movimiento y propagar la toma de conciencia de los objetivos en cuestión.

4. Aprendimos que la puesta en red es un medio particularmente eficaz para acrecentar la amplitud política y la calidad del trabajo de movilización y de análisis. La puesta en red implica otras relaciones, diferentes a las que son consecuencia de la democracia electiva y representativa. Evidentemente, este trabajo en red no es nuevo para muchos sectores y movimientos, en particular para las organizaciones feministas y campesinas. En este caso, la novedad reside en la amplitud y extensión del fenómeno.

5. Nosotros mostramos que no solamente es posible, sino indispensable, articular las iniciativas locales con las movilizaciones nacionales e internacionales. El surgimiento de una serie de redes pacifistas locales durante el año 2002 fue lo que permitió preparar y realizar las movilizaciones del 15 de febrero.

6. Nosotros probamos que los debates, los cuales fueron posibles durante los encuentros nacionales e internacionales propiciados por los forums sociales y las manifestaciones durante el año 2002, creaban nuevas posibilidades de entendimiento acerca de los problemas relativos a los importantes eventos políticos que afectaban a todo el planeta.

7. Nosotros tomamos conciencia de que los habitantes del planeta tienen suficiente autonomía y capacidad para organizarse en torno a temáticas que consideran esenciales y ante la ausencia de un comité central.

Sin embargo, aunque nosotros logramos sentar las bases de un nuevo mundo en términos de sentido y de opciones estructurales, las nuevas relaciones políticas y sociales están aún en un estado embrionario. Y por ello, no logramos impedir la guerra.

En efecto, las fuerzas armadas estadounidenses y británicas se encuentran aún en Afganistán y ocupan a Irak, con la ayuda de algunos Estados aliados y del aval ambiguo de la resolución 1511 de las Naciones Unidas. Además, algunas preguntas merecen ser hechas: ¿las personas que salieron a las calles creían verdaderamente que podían impedir la guerra?, ¿no fue una derrota nuestra el no haber logrado impedirla?

De hecho, nosotros sabemos muy bien que los planes de los Estados Unidos difícilmente fracasarían por una movilización, por muy masiva que ella fuera. En las calles, los manifestantes estaban la mayor parte del tiempo entre dos posturas: la que sostenía que era ético, intelectual y políticamente necesario oponerse a la guerra costara lo que costara y la postura según la cual esta guerra representaba una etapa más en el camino de una política que no solamente busca apropiarse de los recursos del planeta sino también busca la extensión del proceso de mundialización en los terrenos económico y social y bajo el ala de los Estados Unidos.

Cuando nosotros hicimos el llamado para manifestar contra la guerra y el ALCA, en diciembre de 2002, no fue solamente en solidaridad con la población y las organizaciones brasileñas. Se trataba también de poder expresar públicamente nuestro análisis de la situación. Y nosotros creemos que hicimos lo que era necesario en ese sentido. Porque nosotros alcanzamos nuestros objetivos más allá de nuestras esperanzas: la mayor parte de las personas en el mundo fueron informadas de las posibilidades de resistir, de las razones para resistir y de los medios de resistencia que era posible movilizar. Los poderes dominantes pudieron darse cuenta de que había límites para sus abusos.

Esta “victoria” no fue solamente un desafío para el imperio global, sino también para el propio movimiento. Todos aquellos que se oponían a la guerra se unieron a la coalición con su propia historia y su propia concepción nacional o local de la acción social y política. Todas estas experiencias de lucha hicieron nacer nuevas posibilidades de acción global, susceptibles de modificar las representaciones de cada uno de nosotros y de abrir nuevos horizontes en cuanto a la mejor manera de ajustar las diversas estrategias locales y nacionales. Los acontecimientos posteriores al 15 de febrero muestran que el trabajo continúa y que se sigue esta estrategia.

En efecto, después del 15 de febrero hemos visto en muchas regiones de Europa, aparecer formas de desobediencia civil, que tienen como objetivo denunciar y “retardar” el transporte de armas hacia Irak. Por otra parte, numerosas plataformas movilizaron el 20 y el 27 de marzo, al iniciarse la guerra, y el 12 de abril. Evidentemente, los manifestantes fueron menos numerosos, pero la participación fue importante. El optimismo de los inicios no decayó. Nosotros probablemente perdimos a los idealistas y a los oportunistas, es decir, al conjunto de personas que se desencantan rápidamente, pero somos aún muy numerosos, a pesar de nuestra incapacidad para impedir la guerra y a pesar de la disminución de la cobertura de los medios de comunicación. Sea como sea, incluso aunque las manifestaciones de las calles son cada vez menos numerosas (ellas han continuado en varios países, entre ellos en los Estados Unidos), la plataforma global contra la guerra logró sobrepasar una nueva etapa entre la primavera y el otoño del 2003.

En Porto Alegre el año 2002 nosotros nos trazamos como objetivo unirnos a la acción de identificar las perspectivas comunes con los movimientos de América Latina, Estados Unidos y los sindicatos. Esto fue efectivamente realizado, pero aún no tenemos contactos permanentes con los grupos y movimientos de Asia, África, el Medio Oriente y África del Norte. Ahora bien, en junio de 2003, una primera gran reunión fue organizada en Yakarta, como iniciativa de las redes asiáticas, que concluyó con la puesta en red de la plataforma europea con muchos movimientos y organizaciones de Asia del Sudeste. Durante esta ocasión, se llegó a un acuerdo general acerca de los objetivos y la metodología de la plataforma global contra la guerra. Se trataba de trabajar para lograr campañas y eventos comunes.

Ese mismo mes, otras acciones contra la guerra social, económica y militar fueron llevadas a cabo en Evián y durante la reunión de la OMC en Cancún. Un tribunal popular internacional fue creado para juzgar a los responsables de la guerra, investigar acerca de los crímenes cometidos y establecer la lista de compensaciones para las víctimas. Este tribunal sesionará en diversos países y dará su veredicto final en Turquía.

Durante la campaña por el desarme, fueron llevadas a cabo otras: campañas contra los gastos militares, contra las armas nucleares y para introducir en el proyecto de constitución europea una cláusula contra el desarme, contra la creación de un ejercito europeo y contra las bases americanas y de la OTAN, contra la ocupación colonial de Palestina, por el derrumbe del muro y el retorno de los refugiados palestinos y, en los Estados Unidos y los países aliados, se llevó a cabo una campaña para ponerle fin a la ocupación en Irak y para adelantar el retiro de los contingentes militares. En Bagdad se creo un observatorio para investigar y denunciar los crímenes de guerra y la ocupación y durante el Forum social europeo (noviembre 2003), se hicieron misiones de solidaridad con Palestina, Irán, Irak y Kurdistán.

Estas campañas y misiones fueron presentadas en noviembre de 2003 durante el forum social en París, durante la conferencia de El Cairo ese mismo mes y durante el Forum social mundial de Mumbay en enero de 2004.

Ellas son el producto de la confianza acumulada y de los esfuerzos de numerosas personas que se oponen a esta guerra y al saqueo de los recursos del planeta por parte de los Estados Unidos. Estas movilizaciones han reunido a una constelación de personas y de grupos deseosos de oponerse a la mundialización económica o a otros aspectos no menos importantes. Los lazos creados son soportes preciosos y recursos importantes para continuar nuestra acción y sensibilizar cada vez más a las personas en el mundo.

A manera de conclusión, brindaré a continuación un breve resumen de las impresiones que nos dejó la organización del movimiento anti guerra:

- Aprendimos a utilizar nuevas herramientas para tomar decisiones y compartir prioridades en el plano horizontal.

- Adoptamos un lenguaje susceptible de llevar nuestras reivindicaciones más allá de nuestros horizontes nacionales e internacionales.

- Vinculamos la oposición a las agresiones armadas con los grandes temas de la crítica social y económica.

- Estos logros fueron adquiridos a través de la acción y sometiendo nuestros esfuerzos ante el test de las movilizaciones.

- Pudimos sacar numerosas lecciones generales a partir de situaciones locales y nacionales. Y estas lecciones nos han permitido continuar e ir más lejos con nuestras campañas.

La plataforma europea ha sido lugar de numerosas emociones y de ricas experiencias intelectuales y éticas. Nosotros transitamos de la resolución a la inquietud (a inicios de nuestra acción), de la sorpresa a la alegría (cuando constatamos qua la mayoría de las personas en el mundo estaba opuesta a la guerra) y de la consternación (cuando comenzó la guerra) a la toma de conciencia de los desafíos (cuando analizamos y comprendimos las etapas por las cuales habíamos transitados). En la actualidad tenemos una profunda determinación y aceptamos el desafío ético e intelectual de continuar en combate.

Nosotros nos enriquecimos mucho, aprendimos a trabajar de conjunto, a colaborar, aprendimos a organizarnos de manera eficaz, al mismo tiempo y en el buen momento y aprendimos a conocer mejor nuestro mundo, un mundo a la vez próximo y lejano. Nosotros sacamos, de estos hechos y de sus análisis, lecciones de humanidad, de fuerza y de debilidad. Entre los organizadores de la plataforma, somos muchos los que estamos agradecidos por el trabajo común y el apoyo recíproco.

Author: Paola Manduca

 
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