El choque fue terrible, sobre todo a nivel de los medios de comunicación, quienes se dieron a la tarea de demoler al conjunto del movimiento social. En cuanto a los gobiernos, se esforzaron, en nombre de la seguridad nacional, en imponer toda una batería de leyes que apuntaban directamente contra las organizaciones populares.
Es demasiado pronto para poder predecir el impacto a largo plazo de este viraje. Pero sería muy sorprendente poder ver a este vasto movimiento social cesando sus confrontaciones contra las políticas neoliberales y sus consecuencias desastrosas para los pueblos. Por otra parte, a la lucha contra el neoliberalismo se le agregó otra dimensión: la de la lucha por la paz.
La estrategia actual de los Estados Unidos busca transformar la cacería de Bin Laden en una vasta ofensiva para reforzar la dominación americana en el mundo. Ahora bien, la mayor parte de los movimientos sociales no están dispuestos a apoyar a esta aventura imperialista. Es entonces a través de este paisaje que el «mundo visto por sus pueblos » vive el presente en América del Norte.
1. Después del boom económico
La coyuntura norteamericana en el año 2001 estuvo caracterizada por el fin del largo boom económico de los años 90. Los sectores de punta, como las industrias tradicionales, estuvieron seriamente afectados (se habla de aproximadamente 1,5 millones de empleos suprimidos). Frente a ello, los Estados y las grandes empresas esperaban transformar la recesión en curso en una nueva ofensiva para consolidar al neoliberalismo.
La nueva economía. Mitos y realidades.
Evidentemente, el crecimiento económico de los años 90, que el Presidente del Banco Federal de la Reserva Americana Alan Greenspan había anunciado como el inicio de nuevos tiempos, relanzó al capitalismo norteamericano. Pero desde los inicios del año 2001 apareció una realidad muy diferente:
- Se puso en evidencia que el crecimiento económico era portador de un desarrollo de la especulación que no tenía correlación con el crecimiento de la productividad y de las inversiones. Incluso los sectores de la alta tecnología estuvieron afectados por los especuladores . De hecho, la economía sufría de capacidades de excedentes (la tasa de utilización pasó de 88% en 1995 a 63,4% en el 2001).
- Las fusiones salvajes impuestas como consecuencia de luchas agotadoras entre las firmas y la creación de megaempresas, lejos de sanear el mercado, produjeron efectos perversos. De 1997 al 2001 las tasas de provecho disminuyeron de 858 millares de dólares a 761 millares.
- El salario medio en 1999 fue un 14% inferior al de 1972. Sobre los 12 millones de empleos creados después de 1995, el 71% se situaron en las esferas del comercio y los servicios, donde predominaron los salarios bajos. Esta situación de apartheid económico provocó un aumento en progresión del endeudamiento, tanto de los particulares como de las empresas, lo que dejó a toda una parte de la sociedad en una posición vulnerable ante la recesión.
A corto plazo, el problema podría agravarse si los capitales extranjeros, atraídos por las altas tasas de interés y por el valor ficticio (en inflación) del dólar americano, decidieran retirarse. En 1995, los capitales extranjeros representaban solamente el 8% del total de las inversiones realizadas en los Estados Unidos. En el año 2000, este porcentaje se había incrementado a 26%. Ahora bien, el enorme déficit comercial (450 millares de dólares anuales, es decir, el 4,5% del PIB) no puede continuar sin la entrada de capitales más o menos en las mismas cantidades.
Nueva recesión
En el momento de su entrada a la presidencia de los Estados Unidos, a inicios del 2001, el presidente Bush se encontró frente a serios problemas :
- Licenciamientos en cascada se habían producido con el consecuente aumento de la tasa de desempleo oficial a un 6%. Si tenemos en cuenta a las personas encarceladas (casi 2 millones) y a otras poblaciones sin empleo invisibles, la tasa sería muy superior.
- Nasdaq, el índice faro de las empresas de alta tecnología, bajó un 66% en dos años.
- Los supuestos beneficios de la integración de las Américas se enfrentaron a grandes turbulencias, sobre todo en Argentina, Ecuador y Brasil, al punto de que muchas instituciones financieras americanas temieron por su solvencia.
Para hacer cambiar la tendencia, Bush lanzó un programa de inversiones en el petróleo y la esfera nuclear, un retorno de ascensor hacia las empresas que habían financiado masivamente su campaña electoral. Igualmente, en nombre de la crisis de la energía, la administración americana rechazó el Protocolo de Kyoto que debía limitar las emisiones de polución. Paralelamente, Bush relanzó la carrera armamentista, una clase de knesianismo militar. Pero esta redistribución del presupuesto solamente fue provechosa para ciertos sectores, generalmente ricos en capitales pero relativamente poco creadores de empleos. Sin caer en la teoría de la conspiración, los ataques contra Nueva York y Washington se produjeron en un buen momento. El propio Presidente declaró : esta situación representa una oportunidad. Evidentemente, a corto plazo los sucesos lo convirtieron en el Presidente Patriótico. Y concretamente, pudo imponer reestructuraciones que habrían sido inaceptables antes de los sucesos de septiembre, incluyendo las severas reducciones del salario social representado por las inversiones públicas en las esferas de la salud, la educación y los servicios sociales. En resumen, una ofensiva para remodelar las Américas con provecho para los Estados Unidos.
El apartheid económico en los Estados Unidos
- El 1% de los americanos dispone de una entrada superior al 95% de la población del país.
- 400 americanos tienen el 12% del PIB, es decir, acumulan lo mismo que comparten 100 millones de americanos.
- Después de 1990, el endeudamiento se triplicó (de 185 millares a 584 millares de dólares). La tasa de ahorro personal durante el mismo período cayó del 7% al 2%.
- El salario medio de un PDG equivale a 326 veces el salario medio de un trabajador (10,6 millones de dólares contra 25,300). El SMIG es un 20% inferior al de 1968.
- 44,2 millones de personas viven sin seguro médico, es decir, un incremento del 13,6% con respecto a 1989.
(Fuente : United for a Fair Economy, Economic Apartheid Data Center, octubre 2001
El nuevo lanzamiento de la ofensiva neoliberal
Esta ofensiva comenzó a partir de 1994 con la firma del Tratado de Libre Comercio norteamericano (TLC) entre los Estados Unidos, México y Canadá. A continuación, las negociaciones comenzaron para dar nacimiento al ALCA, el cual debe incluir a 34 países de los dos hemisferios (todos los países de América exceptuando a Cuba). En gran medida, estas iniciativas permitieron a los Estados Unidos ampliar su dominación en el continente. Contrariamente a lo que anuncian, estas negociaciones han tenido poco que ver con el comercio y el libre intercambio. En el marco de las Américas, tal y como lo explica Dorval Brunelle, la finalidad es reforzar las medidas de liberalización de los mercados internos y hacer aún más difícil el mantenimiento de las prerrogativas de los poderes públicos en materia de defensa y de derechos económicos y sociales. A mayor o menor plazo, los Estados Unidos desearían igualmente desmantelar las empresas de servicios públicos . Mientras tanto, la tendencia para los Estados mexicano y canadiense, ha sido la de alinear sus políticas sociales con respecto a la de los Estados Unidos. De esta manera, el sistema relativamente generoso de seguros de desempleo que existía en Canadá antes de entrar en vigor el TLC ha sido reducido al más bajo nivel (los pagos por seguro de desempleo disminuyeron del 75% al 36% del salario, prácticamente igual que en los Estados Unidos). Notamos una impresionante ola de take-overs de firmas canadienses y mexicanas por firmas americanas. Vía las zonas francas del norte de México, se deslocalizaron una buena cantidad de industrias para aprovechar la mano de obra barata. Los sectores que tienen un acceso importante al mercado americano absorben la casi totalidad de las inversiones y son, sobre todo, los que brindan menores salarios, hecho que explica la caída del 40% del salario medio por horas después de 1991. Las clases dominantes mexicanas y canadienses prefieren funcionar bajo la sombra del gigante americano: vale más una posición al abrigo en el piso de los ricos que afrontar a sus propias clases populares.
2. Estados en crisis
Durante toda esta evolución, las clases dominantes en América del Norte sufrieron todas, aunque en diferente medida, una crisis de legitimidad. La población estima cada vez más que todos los gobiernos están del mismo lado. Hay también una crisis de valores: por una parte, el consumismo y el individualismo gritan alto y fuerte que la felicidad suprema está unida a la posesión de bienes personales! Pero por otra parte, asistimos a un retorno fuerte de diversos integrismos religiosos con sus consecuentes ideologías autoritarias y conformistas. En la multitud de sucesos del 11 de septiembre, pudimos escuchar al Jefe de la Derecha Cristiana, el Pastor Jerry Falwell, afirmar que los Estados Unidos habían sido castigados por haber tolerado a los homosexuales, a las lesbianas y al aborto. Entretiempo, a la sombra de la mundialización, los Parlamentos se transformaron en cámaras de registro. Notemos, finalmente, que la tendencia es la de poner el acento en la coerción y en la represión.
La pérdida de legitimidad de las instituciones políticas
Luego de la última elección presidencial en el año 2000, Georges W. Bush logró la victoria con menos votos que su adversario demócrata Al Gore. Y todo esto se produjo en función de una legislación electoral antidemocrática donde los grandes colegas constituidos por cada uno de los Estados son quienes seleccionan al ganador. La salida de esta confrontación la decidió finalmente la Corte Suprema de los Estados Unidos, cuyos miembros fueron mayoritariamente nombrados por las administraciones republicanas de antes de 1994. Peor aún, la elección estuvo acusada de fraude, sobre todo en La Florida, donde se excluyó la votación de decenas de miles de ciudadanos, mayoritariamente africanos y latinos. Más allá de este primer episodio, los hechos son preocupantes:
- Los elegidos dependen de las maquinarias electorales capaces de movilizar centenas de millones de dólares. La última campaña presidencial costó tres millares de dólares, es decir, 40% más que en 1996. El 80% del financiamiento de los partidos políticos proviene del 1% de la población.
- El 47% de los americanos que tienen menos de 50 000 dólares anuales participan en las elecciones.
- Los Estados Unidos son el único país occidental que le ha retirado el derecho al voto a miles de ciudadanos, culpables de haber enfrentado en algún momento al código criminal (más del 13% de los africanos y latinos, según Human Rights Watch).
Democracia
En función de las reglas, el sistema electoral uninominal excluye en gran medida a los terceros Partidos. La votación debe ser dividida entre dos grandes Partidos, como el Demócrata y el Republicano en los Estados Unidos. De esta manera, se excluyen corrientes políticas que disponen de altos niveles de representatividad (10% a 15% o más) contrariamente a casi todas las otras democracias, donde se asegura a éstos un espacio político institucional.
A pesar de las numerosas peticiones para cambiar este sistema antidemocrático, nada cambia, porque el estatus es ampliamente favorable a los defensores del orden y la propiedad. Otro aspecto de las crisis de legitimidad es la nivelación de los grandes partidos. El Partido Demócrata, tradicionalmente apoyado por los sectores populares, ha sido transformado. Ya no existen diferencias fundamentales con respecto al Partido Republicano, tradicionalmente el partido de la derecha, de los hombres de negocios y del complejo militar industrial.
El esplendor de la derecha «dura»
La derecha dura está en crecimiento y se encuentra ligada al movimiento cristiano integrista. Se trata de una galaxia de grupos que no están alejados ideológicamente de las milicias de extrema derecha, como aquellas que hicieron explotar un edificio federal en Oklahoma hace algunos años. Esta derecha dura dispone de potentes puntos de apoyo en los medios de comunicación y en toda una gama de asociaciones de caridad muy amplia. Su ideología tiene un forro populista (contra el Estado Federal), antipobres (contra los programas sociales) y racista (contra los africanos, latinos, judíos y musulmanes). Los integristas logran su fuerza en un cierto número de causas: la lucha contra el derecho al aborto, contra los homosexuales y lesbianas, contra la separación entre las religiones (la única religión que existe es evidentemente el cristianismo) y el Estado. En los últimos diez años, la derecha dura se ha implantado seriamente en el Partido Republicano, de una parte, para infiltrar a la más alta cumbre del Estado y, de otra parte, para imponer un acercamiento ideológico hacia la derecha. Muchos jefes de línea en la actual administración de Bush, entre ellos el actual ministro de justicia John Ashcroft, provienen de esta tendencia.
Castigar y criminalizar
En el medio de la crisis de legitimidad, los excluidos se vuelven una clase peligrosa. Desde hace unos años, el stablishment político americano construyó un consenso de seguridad. El crecimiento de la encarcelación ha sido de tal envergadura que casi dos millones de personas han sido detenidas (contra 1,4 millones en 1994). Más allá de las prisiones, el terror en el Estado Americano se ejerce a través de la aplicación de la pena capital. En Texas, después de 1994, 140 personas han sido ejecutadas. Al igual que Arabia Saudita, Nigeria, Pakistán e Irán, los Estados Unidos son los únicos que permiten la condena a muerte de los menores y de los deficientes mentales. Pero la represión también se despliega más allá de las prisiones. La vida cotidiana está asediada por un conjunto de sistemas que le permiten a los gobiernos fichar a sus ciudadanos. El fenómeno de las ciudades amuralladas, donde no se puede entrar si no se es invitado, se extiende por todas partes. Las nuevas disposiciones puestas en vigor después del 11 de septiembre intensifican este proceso y apuntan particularmente contra los refugiados e inmigrantes. Más de 10 000 personas han sido interpeladas, y en su gran mayoría son de origen árabe o musulmanes. De ellas, 2 000 han sido encarceladas. Los conceptos de habeas corpus y de presunción de inocencia han sido eliminados. Más recientemente, en el marco de la ola de luchas antimundialización, los aparatos represivos han entrado en acción de una manera generalmente violenta, tal y como vimos en Seattle (diciembre de 1998) y en Québec (abril 2001). En esta última ciudad, donde la población tiene la costumbre de manifestar pacíficamente, la manifestación contra la Cumbre de los Jefes de Estado de las Américas fue la ocasión para desplegar una represión sin precedentes. Por primera vez en Canadá, la policía utilizó balas de plástico de las que estamos habituados ver en Palestina o en Irlanda del Norte. Así se articulan una ideología y una práctica de la seguridad nacional a imagen y semejanza de la que se impuso en los tiempos del senador McCarthy durante los años 50.
3. Fuerzas y debilidades del movimiento popular
Desde hace varios años, una parte importante de la opinión pública se ha vuelto sensible a las reivindicaciones y a las críticas expresadas por un vasto movimiento, suerte de coalición, que tomó forma en Seattle en diciembre de 1999 y en Québec en abril del 2001. Pero después del 11 de septiembre, reina la incertidumbre. Queda por ver si esta evolución durará o si se trata solamente de una reacción nacionalista efímera.
La sorpresa en Seattle
A lo largo de los años 80, el movimiento popular estuvo sacudido duramente. Durante este período, caracterizado por la represión y las legislaciones antisindicalistas, la tasa de sindicalización pasó del 31% en 1980 a menos del 13%. A inicios de los años 90, algunas señales anunciaban un cambio. Jóvenes, ecologistas, sectores cristianos comprometidos, sacaron a la luz una crítica al capitalismo realmente existente. Inspirados por los Zapatistas, disidentes de la sociedad americana percibieron en el movimiento de Chiapas un gran y gigantesco NO al neoliberalismo triunfante. El símbolo fue mucho más fuerte dada la coincidencia en tiempo de la insurrección zapatista y de la firma del Tratado de Libre Comercio Norteamericano (TLC). A continuación, este impulso tuvo un efecto radical. Una verdadera constelación de redes fue puesta en práctica de manera descentralizada, móvil, militante, uniendo a ecologistas, estudiantes y grupos de defensa de derechos. Pero en Seattle, en diciembre de 1998, fue que todo se apareció ante la luz pública: 50 000 manifestantes, jóvenes ecologistas y pacifistas, junto a los teamsters (camioneros) y otros trabajadores provenientes de sindicatos militantes. El movimiento sindical, en efecto, convergió con los nuevos movimientos, lo que brindó a las manifestaciones en Seattle un carácter de masas. Algunos meses después, los movimientos antimundialización volvían a la carga en algunas ciudades americanas, utilizando simbólicamente las conferencias de los agentes de la mundialización, incluyendo a los Congresos de los Partidos Republicano y Demócrata. Con toda evidencia, algo nuevo se cristalizó en Seattle, uniendo por igual a los elementos de la resistencia local en una perspectiva realmente internacional. Pero el movimiento antimundialización norteamericano tiene aún debilidades importantes, entre ellas, la débil participación de las comunidades africana, latina y otras minorías.
Renovación sindical
El movimiento sindical ha cambiado, sobre todo en el seno de la potente AFL-CIO, cuyo presidente John Sweeny está unido al sector militante. En 1995, los Trabajadores Canadienses de Automóviles (TCA), que constituyen el sindicato más militante en Canadá, organizaron una serie de huelgas rotativas uniendo, de manera voluntarista, reivindicaciones sindicales a problemas sociales (derecho a la salud, a la educación, a servicios públicos de calidad). En 1997, 200 000 trabajadores americanos comenzaron una huelga contra UPS, una multinacional del transporte y las comunicaciones. Esta resistencia tuvo un eco muy favorable en el público. Potentes sindicatos, entre ellos Teamsters, vieron emerger nuevos equipos que defienden al sindicalismo tradicional, dicho de negocios, y sus posiciones tradicionales pro patronato y pro gobierno. Otro fenómeno importante ha sido el desarrollo de coaliciones populares sindicales estudiantiles, tal como la red Jobs with Justice, que logró unir varios miles de sindicatos locales y grupos comunitarios en los grandes centros industriales del país. Por otra parte, los estudiantes reunidos en los Comités Anti Sweatshops (United Students Against Sweatshops) en muchos campus universitarios, han emprendido campañas contra las multinacionales tales como Nike, Reebock y otras marcas comerciales conocidas por los jóvenes. Sin embargo, el movimiento sindical americano no ha logrado aún cambiar el equilibrio de fuerzas. Ciertamente, 400 000 nuevos miembros se registraron en la AFL – CIO en el año 2000, pero también, durante el mismo período, 600 000 empleos sindicalizados fueron suprimidos, sobre todo como consecuencia de la relocalización hacia México.
Québec y la alianza arco iris
La dinámica de las alianzas arco iris que reagrupan sindicatos, organizaciones comunitarias, jóvenes, feministas, ecologistas, etc., se manifestó nuevamente en el año 2001 en el contexto de Québec. En el plano local, fue la amplia movilización lograda por la Federación de Mujeres de Québec (FFQ) quien despertó a este movimiento. Millares de mujeres y hombres respondieron a la llamada de la FFQ e invadieron las calles de todos los municipios de Québec para protestar contra la pobreza como consecuencia de las políticas neoliberales y contra la violencia hacia las mujeres. A continuación, la preparación de la Cumbre de los Pueblos de América, convocada para oponerse al proyecto de la Zona de Libre Comercio de las Américas (ALCA) fue la ocasión de una inmensa corriente de educación y movilización popular. Durante algún tiempo, la hegemonía cambió de campo: las reivindicaciones del movimiento captaron las simpatías de la población. Un resonante NO al ALCA atravesó toda la sociedad, acompañado de un programa de reconstrucción de las Américas, elaborado conjuntamente con organizaciones populares mexicanas, brasileras, chilenas, etc.
A partir de este éxito, importantes secciones del movimiento popular concluyeron que había que construir amplias coaliciones, tanto con una base sociológica como ideológica, combinando las movilizaciones de masas con un trabajo de educación y de sensibilización en profundidad, lo que construiría los fundamentos de una proposición ciudadana, democrática y de izquierda.
Declaración de la Cumbre de los Pueblos de América (extractos)
Vivimos en América, marcada por desigualdades intolerables: 500 millones de personas viven en América Latina en la pobreza, la deuda inaceptable de los países de América del Sur totaliza los 792 millares de dólares US, el 80% de los activos son acaparados por los Estados Unidos y Canadá.
LO QUE NOSOTROS QUEREMOS:
- Exigimos el respeto absoluto de los derechos humanos, que son universales, iguales e indivisibles. Queremos construir puentes entre los pueblos de América, nutrirnos del pluralismo de nuestras historias y culturas, reforzarnos mutuamente en el ejercicio de una democracia representativa y participativa.
- Queremos el respeto integral de los derechos fundamentales al trabajo, del derecho de asociación, del derecho a la negociación de convenciones colectivas y del derecho a la huelga. Estos derechos deben ser aplicados igualmente para los trabajadores emigrantes. Deseamos Estados promotores del bien común, capaces de intervenir activamente para asegurar el respeto de todos los derechos humanos, incluyendo los de las mujeres, el derecho a una maternidad libremente consentida, para reforzar la democracia, incluyendo el derecho a la comunicación, para asegurar la producción y la distribución de la riqueza. Deseamos que los Estados garanticen el acceso universal y gratuito a una educación pública de calidad, a servicios sociales y a servicios de salud, incluyendo los destinados a mujeres (maternidad, contracepción, aborto), que se elimine la violencia contra las mujeres y los niños, que se asegure el respeto del medio ambiente por las poblaciones actuales y las generaciones futuras.
- Llamamos a las poblaciones de América a intensificar su movilización para combatir el ALCA y desarrollar otros modos de integración fundados sobre la democracia, la justicia social y la protección del medio ambiente.
NO al ALCA! SI es posible otro mundo!
Québec, abril 2001
En la búsqueda de lo político
En una gran parte, las inmensas movilizaciones llevadas a cabo por el movimiento social han acentuado el nivel de politización de la población, la cual, durante varios años, parecía haber sucumbido al síndrome de TINA (There is no alternative). Pero tradicionalmente en los Estados Unidos, e igualmente en Canadá en determinada medida, el movimiento social se ha construido fuera de un proyecto de alternativas políticas. En el contexto actual, muchos jóvenes militantes desconfían de lo que ellos conocen como la política. Ellos tienen una afinidad espontánea con los conceptos de acción directa, de democracia directa, de desobediencia civil no violenta. Pero sin negar la importancia de la movilización y de la acción directa, una parte importante de los militantes, tanto nuevos como antiguos, estiman que hay que encontrar la manera de volver a invertir en el terreno político. Después de la última campaña presidencial en los Estados Unidos, sectores populares se unieron alrededor de la candidatura de Ralph Nader, un viejo militante de los movimientos sociales. Tres millones de electores votaron por él y por su programa antineoliberal. Buscamos aún la fórmula para intervenir políticamente, cuestionándonos sobre lo que hay que construir como alternativas políticas, ya que no se trata de repetir lo que ya se hizo. Y de esta manera, los militantes de América del Norte siguen con atención lo que pasa en el mundo, sobre todo en Brasil:
Los gobiernos de participación popular en Brasil desean sobrepasar el viejo estilo de gobierno antidemocrático, que concentra el poder en pocas manos y que ignora a la mayor parte de la población. La idea es que la población se vuelva protagonista de su propia historia. Se trata de poner en práctica una manera de ejercer el poder que combate los abusos de poder, el favoritismo y que delega el poder a la población.
El retorno a la cacería de brujas
La clase dominante en América del Norte hace todo lo posible por capitalizar el nuevo clima post 11 de septiembre. Los portavoces de las fuerzas dominantes quieren sacar a las brujas de los armarios como el senador McCarthy. Esta ofensiva ha hecho retroceder a muchos, entre ellos a una parte del movimiento sindical americano, cuya dirección ha apoyado la cruzada contra el terrorismo. Importantes manifestaciones, incluso huelgas, han sido reportadas en este clima hostil a los movimientos sociales y alimentado por la paranoia de los medios de comunicación. La hora no es, sin embargo, para deprimirse, como lo subraya Jeremy Bretcher, un militante bien enraizado en los nuevos movimientos sociales:
Hay que recordar que la popularidad de Señor Bush se elevó después de la victoria de Kuwait, tal y como ha sucedido con la de su heredero en la actualidad. Esto no impidió que, un año más tarde y en el medio de una recesión, perdiera su mandato en las elecciones. Las manifestaciones de Seattle, que han demostrado la voluntad de la mundialización desde abajo, se produjeron después de la victoria de las bombas en Serbia. Que los Bin Laden y los otros Bush tengan proyectos o no, el conflicto fundamental de hoy sigue siendo la mundialización desde arriba y la mundialización desde abajo.
Author: Pierre Beaudet


Globalización de las resistencias 2003 - América del Norte